sábado, 31 de octubre de 2009

Sólo hubiese bastado

Hoy sólo hubiese bastado con sentarme a deshora a escribir versos libres de manos ultrajadas por el tiempo.
Mis manos.
Pero hasta el colectivo se burla de mi espera y me condena a una esquina concurrida y encrucijada.
A mixturas de perfumes que divergen de los rostros que los visten.
A miradas adormecidas que no avanzan en el gris del pavimento.
A labios partidos que no cicatrizan con la ausencia de bocas que los muerdan.
A un dolor de estómago extraterrestre que amenaza con partirme el abdomen en dos.
Y yacer desparramada en la vereda cualquiera.
A merced de las pisadas que se disfrazan de tus ojos para atravesarme.
Para que me peses una vez más en las costillas y en el aire.
Para que sienta tus talones hundirse en mi espalda invertebrada.
Cada vez que bailas una pieza doble sin mí.
Sin mi brazo guía sobre tu hombro firme.
Sin mi mano guía sobre tu cintura angosta.
Sin mi flamenco ardiente de mirarte fijo.
Sin mi punteo de lengua en tu cuello expectante.
Y teniendo fe ciega en que sólo hubiese bastado morir un año atrás.

martes, 20 de octubre de 2009

Yo te pinte la pared

Hoy Delia me acuna hasta el sueño

Prestame las líneas de tu rostro para escribir de la manera tierna que tenias de tenderme disfraces en tu cama.
Pasame la receta de tu mermelada de naranjas y de tu paciencia así aprendo de la quietud de tus manos de elástico e ingenio.
Dejaste en mí recuerdos larga vida, escondidas de cocina y tumbas de la gloria en un cajón. Ropas miniatura, costureros, sabor licor de huevo, enaguas, graciosos paraguas e incontables caricias que me regalaron tus dedos de cigarrillo armado. Y esas maratónicas corridas a saltarme tu tapial, aun la última vez cuando me mostraste tu invierno pleno.
Porque tus años le dieron tregua a mi niñez y te escapaste de mi vida cuando ya empezaba a navegar con vela propia.
Gracias por tu partida indolora, no significa que no se te extrañe por acá.

miércoles, 7 de octubre de 2009

De poesia accidentada

Cuando alguien pega palabras como quien quiere la cosa demasiado yo abuso de la súbita inspiración maliciosa que me provoca leer poesía accidentada. No escribo inmersa en un sopor de antirealidad y placebos jugosos que sólo generan rompecabezas semánticos creados para esconder la evidente pobreza de pensamiento y repletos de facilimos mentales sino que me cocino en mi propio caldo de orgullo y fastidio fabricando tallos espinosos de verborragia asesina coronados de versos rosas que punzan la visión de quien me considera escribiente digna de ser leída. Me quedo a la mitad del viaje la mayoría de las veces, si, tirada al lado del camino que describió Fito, mordiendo la manzana que condeno a Eva a la sodomía eterna, tomando del pecho de una difunta que no me alimenta sino que lentamente me llena de muerte, y gozo.